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Miradas de Praga, desde el otro lado...

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Prólogo: Este relato es la segunda parte de “Miradas de Praga”, se puede leer como un relato autónomo, pero tiene más sentido si lo acompañáis primero con su predecesor…espero que os guste..
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Te veo volver la cabeza y, en tus ojos, una lágrima nace y cae durante un instante que es eterno, reflejando en ella el último rayo del luz del atardecer.


No quiero perderte.

No así.

La muchedumbre me envuelve y me lleva en volandas, me arrastra en contra de mi voluntad y tú, te alejas.

No te vayas!! grito en silencio.

Me deslizo tras el puesto de un vendedor de acuarelas, un estallido de color se abre ante mis ojos, decenas de imágenes del Castillo de Praga con el cielo estrellado de fondo, el Puente de San Carlos solitario con una pareja embozada en un pequeño paraguas, alicatadas callejuelas de adoquines y casitas de colores…mis ojos se cruzan con el dueño del puesto, su barba esboza una sonrisa mientras da el cambio a una italiana antipática que habla a gritos, y yo persiguiéndote con la mirada, ¿Dónde estás?

Me zafo del gentío, ejercito mil sonrisas y disculpas. Como un jugador de fútbol en medio del campo sorteo a la multitud y tú, te desvaneces de mí.

Mi respiración acelerada me lleva a la arcada del puente, no te veo, no te encuentro, corro y te busco, como una amante despechada que necesita el último abrazo antes de partir pero, en este caso, ni tan siquiera conozco el olor de tu pelo, negro, como el carbón que alimenta la maquinaria de mi corazón.

De pronto una mano me ase con fuerza y me arrastra sobre la acera, un tranvía rojo con la sirena aullando sobre el asfalto sobrevuela las estrechas vías, dejando mi respiración entrecortada, mis ojos llorosos y mi alma muda y estupefacta.

Miro a mi alrededor y mi salvador no existe, sentada en la acera como un fardo, de cualquier manera, me hago pequeña y enjuta, abrazo mis piernas desnudas, dejo caer sobre las rodillas mi cabeza, quiero llorar pero, no puedo, la rabia, el dolor, la tristeza y el miedo se entremezclan en un llanto contenido.

No te conozco y, sin embargo, me estoy portando como una tonta, te persigo, te necesito…

Cierro los ojos, quiero desaparecer por un instante, como cuando era una niña y escuchaba aquellos gritos provenientes de la cocina Me escondía en el armario de mi habitación oculta entre mantas, chaquetas y juguetes de madera, me sentaba en el rincón más obscuro y cerraba los ojos, en ese instante el mundo desaparecía y creaba mis propias historias, vidas paralelas en las cuales era feliz. Tenía una casa de verdad en el campo, rodeada de amapolas rojas que se mecían con el viento y un pequeño pony marrón y blanco, con una larga crin que le llegaba hasta el suelo y que, cuando cabalgábamos, se hendía mecida por el viento.

Pero, ahora no consigo entrar en mi mundo, se me perdió la llave y, de repente, apareces tú, como un pequeño duende salido de la nada, con tu largo pelo rizado, esos ojos que juegan a cambiar de color con los rayos de sol y una sonrisa que hace temblar mis rodillas, y sin embargo, he huido de ti y ahora me arrepiento, tonta de mí.

Me levanto torpemente, no sé cuanto tiempo llevo sentada sobre el frío suelo, la gente caminaba alrededor mío sin prestarme atención, incluso alguien ha estado a punto de darme una limosna.

Desando mis pasos, se hace tarde y empiezo a trabajar en menos de media hora. Debo cruzar de nuevo el puente, atestado de turistas y carteristas, artesanos de lo propio y de lo ajeno, las piernas me pesan y un hormigueo las recorre mientras vuelven del país de Morfeo.

Preferiría ir por otro sitio pero, este es el camino más corto, de lo contrario tendría que dar demasiada vuelta, y no quiero coger el tranvía, siempre escatimando coronas.

Hoy está Anika tocando la guitarra en su puesto habitual. Morena, de largo pelo rizado y vestida como una antigua gitana, con su larga falda, blusa blanca y collares de conchas… Es una virtuosa y, sin embargo, ésta es su manera de ganarse la vida, tocando para los turistas piezas de Paco de Lucía, Joaquín Rodrigo… Tanto tiempo estudiando para esto. Paso a su lado despacio, un roce de mi desnudo pie sobre su falda, una sonrisa, triste y melancólica, como su música.

Sigo andando, saludo a uno y a otro artesano: al retratista con su gabardina negra y sombrero tejano; a la humilde Eliška con sus trenzas de colores; a la banda de jazz…que tanto me ha hecho soñar… Ando, ando y sueño mientras suena la música, “Everything but the Bird” me envuelve y me lleva, cierro los ojos y vuelo, mis pies conocen el camino…

-Disculpa…? Sorry…?


Una mano se posa en mi hombro, suave como una caricia.

Abro los ojos, sin prisa, envuelta en algodones.

Me voy dando la vuelta atraída por la presión de esa mano.

- Yes…¿ (Sí…)

- I have saved his life and still not be thy name…

( Te he salvado la vida y todavía no sé tu nombre…)


Mi corazón se detiene por un instante, y la aterciopelada voz que me habla se mezcla con los ojos que persigo desde que me crucé con ellos…

2 Comments:

  1. Felisa Moreno said...
    Un relato precioso, con muy buenas descripciones,que crea un ambiente especial.
    Enhorabuena

    Sólo una cosa, el negro en un blog queda muy bien, pero para leer es lo peor de lo peor, al menos a mí me cuesta mucho trabajo y me cansa la vista. Vaya, ya me estoy metiendo donde no me llaman. Perdona.
    Dante said...
    Reitero acá lo dicho en tu otro blog. Me sorprendo con frases escuetas y exactas, que dejan mucho que leer entre líneas. "No te vayas!! grito en silencio" me pareció impecable.
    Ni hablar de "Pero ahora no consigo entrar en mi mundo, se me perdió la llave". Creo que esta fue lejos, la mejor descripción de los desencuentros internos que he leído.
    El resto del relato, como pasó con el primero, deja con ganas de seguir leyendo. Ganas de saber que más va a pasar en Praga, por lo que acá estaré atento a la siguiente entrada. Siempre es un gustazo pasar por tu espacio. Un abrazo, hermano.

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