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Aberración






Abuelo, abuelo, cuéntamelo una vez más, por fa!!!
Vamos Ryelkay, ya es tarde, debes dormir.
Venga, por favor, te prometo que no te lo volveré a pedir. La voz suena almibarada, deliciosamente dulce y llena de ese deje de ternura que ninguno de nosotros podríamos dejar pasar.
Era noche cerrada - comienza a contar con su ronca voz - las pocas estrellas que se atrevían a lucir sus vestidos no tardaron en ocultarse tras el manto de la noche. Los hombres elegidos en el pueblo, subían en estrecho cordón atravesando las escarpadas sendas que alcanzaban el pico de la montaña. Su vestuario y armamento era un temible barullo de picas y espadas, hachas y herramientas varias de labranzas con las que, en un convulso arrebato habíanse ataviado con lo primero que fueron capaces de pertrecharse para la inminente batalla, aunque el conjunto no fuera más que un estrafalario somatén en el cual no cabían dos jubones de igual forma, tamaño ni color. Las maleables gentes, enardecidas por el aberrante párroco, lucían sus pendones, arrancados de alguna olvidada batalla que a más gloria haya sido suscrita en los anales de la historia.
En las manos de los primeros, las antorchas lucían flameantes, remarcando en sus rostros el hálito del miedo.
No fue sorpresa alguna que al llegar ante la pequeña explanada, en lo alto de la loma, y tras plantar valientemente batalla tu padre sin ápice de miedo en su mirada, una más que miserable porción de la manada humana corriera despavorida, creando la primera escisión en las filas atacantes.
A cada embite de la marabunta tu padre respondía con mayor ferocidad, arrancando de sus quejumbrosos esqueletos miembros que se esparcían cual fichas de ajedrez caídas. Tan sólo defendía su familia, su vida, su estirpe. Pero el cansancio hizo al final mella en su fortaleza, cediendo paso hasta su corazón al asta de flecha que un joven escudero

enarboló en su ballesta.
Cayó sin vida, envuelto en la bruma de la batalla, dando tiempo eso sí, a que tu madre lograra huir contigo en su vientre.
El pequeño se acurruca, hecho un ovillo, mientras Ezrrael, el viejo Dragón, lo acuna bajo sus alas protectoras. Una lágrima se desliza sobre su hocico, mientras a lo lejos, una música estridente le hace crecer el odio que alimenta su corazón. Mañana, tal vez, el sabor de la venganza sepa más dulce.

1 Comment:

  1. Dante said...
    Al menos no perdió todo. El viejo dragón está ahí y el recuerdo de su padre también en cada historia que le cuenta. No es poco. Lástima que el odio alimente su corazón para tejer los hilos de la venganza. Buena historia. Me ha atrapado. Un gustazo leerla.

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