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Susurros en la oscuridad

Corre!!

Corre!!

La rabiosa voz del Miedo resuena una y otra vez en su pequeña cabecita.

Corre!!

Sus pequeños piececitos se deslizan tropezándose a lo largo del interminable pasillo.

Corre!!

Corre!!

La llama arde en su pecho diminuto.

Un resbalón injusto, una rodilla que toca el suelo de forma brutal mientras su recién estrenadas manos, se abalanzan hacia delante para evitar la fatal caída.

Mira hacia atrás, las lágrimas ruedan como violentos torrentes por sus mejillas, el pelo ralo, rubio y lacio es una madeja de nidos de miedos.

Corre!!

Corre!!

Se levanta despacio, dolorido, amoratada su rodilla del golpe recibido y enruta de nuevo su carrera desesperada.

El pasillo está a oscuras, tan solo la luz de la luz de la luna llena se cuela tímidamente por la ventana del salón.

Corre!!

Sombras acechan en la oscuridad, fantasmas, monstruos.

De pronto su carrera llega a su fin abruptamente, con un golpe sordo su cabecita choca con la puerta de roble de la habitación de sus padres.

¿Qué ocurre?, oye desde dentro, levántate tú anda que mañana no madrugas.

La puerta se abre despacio, unos pies de mujer enfundados en unas zapatillas de estar por casa rosas con margaritas.

Un pequeño grito…Cariño, qué haces aquí, qué te ocurre, estas bien?

El niño solloza hecho un ovillo a los pies de su madre, acurrucado contra la puerta.

- Un monstruo Mamá, un monstruo… - balbucea mientras los mocos asoman por su nariz uniéndose al torrente de lágrimas.

Ella se agacha, lo acoge en su regazo y le limpia la cara con la manga de su pijama de franela beig.

- Los monstruos no existen cariño, no pasa nada – lo acuna entre sus brazos mientras le besa la frente y retira un rebelde mechón húmedo – Venga, vamos a la cama, te acostarás con nosotros.

La cama está caliente y segura, el niño se acurruca entre el hueco del pecho de su madre, que se duerme casi al instante. Sin embargo el aún tiembla, cierra los ojos, intenta detener los pequeños escalofríos que lo recorren.

Un pequeño ruido, proviene del fondo de la habitación.

Su cabecita se alza unos centímetros, el display verde del reloj de la mesilla de noche alumbra indolente el armario con su espejo de cristal.

La puerta se abre sigilosa, unos centímetros…

Aguanta la respiración, no quiere gritar, su madre le ha prometido que los monstruos no existen.

Una mano huesuda acabada en una garra de retorcidas uñas surge silente de entre los vestidos colgados de su madre, apunta hacia él su dedo índice, y burlonamente le insta a seguirlo…

2 Comments:

  1. Felisa Moreno said...
    Un relato que atrapa la atención y hace sentir miedo, miedo a que ocurrirá algo horrible, lo que se deja entrever en esa garra que asoma. Me ha gustado.
    Saludos
    Dante said...
    Será real la garra, o sólo existe en la imaginación del niño? Entretenida historia, amigo. Seguramente la próxima vez, nos contarás que fue lo que realmente vió en la oscuridad. Un abrazo.

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